La Venganza del Hermano Pobre (cuento nicaraguense)

Había dos hermanos; uno muy rico y el otro muy pobre.

El pobre - como se acostumbra entre los miskitos - cuando faltaba algo en su casa llegaba a pedir donde su hermano rico.

Y a veces, la esposa del hermano pobre llegaba a pedir un poco de sal, azúcar, bastimento; o si no, el hermano pobre iba; a prestar semilla de arroz o frijoles para la parcela que iba a sembrar.

Así­, el hermano rico llegó a odiar a su hermano pobre y un día que mandó a pedir veinte córdobas, le contestó que regresara mañana.

El hermano pobre se enojó con su hermano por ser tan avaro; se quedó con la idea de hacerle pagar todo lo malo que le había hecho.

Echó al hombro sus pertenencias y emprendió su viaje.

Por espacio de tres semanas se internó en una de las montañas y caminó dos semanas mas sin encontrar lo que buscaba.


Había caminado mucho y estaba cansado, pero después de dos cambios de luna encontró lo que buscaba.

Comenzó a preparar la tierra y cuando era luna llena, sembró su yuca, quequisque, banano, plátano, frijoles y arroz.

Cuando comió la primera yuca de su cosecha escribió una carta al hermano rico diciéndole así­:

- Hermano, estoy muy bien aquí­. El mantel que uso en la mañana, no lo uso a mediodía y el que uso a mediodí­a, no lo uso en la tarde.

Los platos no son usados dos veces, después del primer uso los tiro al basurero.

De una manera u otra la carta llegó a manos del hermano rico.

Todo lo que tenía lo vendió a un mal precio y salió a buscar a su hermano.

Después de dos meses de camino por montes bien espesos, había agotado el dinero obtenido en la venta de sus propiedades.

Y faltando una semana para completar tres meses se encontró con el hermano pobre.

Cuando lo vio comiendo en una hoja, le dijo:

- Idiay! No me dijiste que estabas muy bien, y que el mantel de la mañana no lo usabas a mediodía,
y que el del mediodía no lo usabas para la cena y que el plato que usabas lo botabas? - le reclamó.

- Hermano, acaso no es cierto eso?

Yo no te he mentido.


La hoja que uso para comer en la mañana no la vuelvo a usar para el tiempo de mediodía, y para la tarde recojo hojas nuevas.

Estoy pijudo! No tengo que preocuparme por platos quebrados, por el lavado de los trastes, ni por su perdida.

Este, bien seguro de que vivo mejor aquí­ que allá.




Cuentos Misquitos - Miskitu kisi nani, (Palyumhpa, Rí­o Coco, CIDCA, 1985)