Redes Sociales y Relaciones de Pareja


En los últimos años se ha masificado la interacción gracias al Internet. Las nuevas tecnologías se han integrado en nuestra vida a tal punto que intervienen en nuestras relaciones sentimentales. Un estudio ha revelado cómo afecta la conectividad móvil y las redes sociales en nuestra forma de relacionarnos con nuestras parejas.


Por un lado, se facilita el camino para conocer e intercambiar puntos de vista con gente nueva. Por otra parte, las relaciones de pareja se ven amenazadas por la constante exposición a gente nueva.

Existe la tentación de tener otros vínculos fuera de la pareja, siempre ha existido, e Internet facilita y acelera las posibilidades reales de tener acceso a otras personas como nunca había sucedido. Una de las principales causas de conflictos entre parejas se da por el tipo de coqueteo que generan las redes sociales.

Estudios recientes han demostrado que la mayoría de los chats giran en torno al sexo y los encuentros fugaces; mientras que la mayoría de los hombres suelen caer en la tentación de vivir encuentros con mujeres desconocidas, muchas mujeres suelen reencontrarse con algún “ex”.

Facebook y WhatsApp son aplicaciones que facilitan la comunicación interpersonal tanto con personas cercanas afectivamente y con grupos de pertenencia, como con desconocidos, o conocidos de nuestros conocidos. También permiten monitorear las actividades de otros: identificar si un mensaje fue visto y a qué hora o si alguien estuvo conectado y hace cuánto tiempo, entre otras posibilidades.

“Los jóvenes experimentan nuevas formas de socialidad mediadas por las tecnologías digitales que afectan los ámbitos de la amistad, el cortejo y el ligue”, explican las sociólogas Tania Rodríguez Salazar y Zeyda Rodríguez Morales.

El acceso a nuevas amistades y potenciales parejas ocasionales o establecidas se ha incrementado con las redes sociales; ya no se limitan a los encuentros presenciales en ámbitos territoriales como el barrio, la escuela, el trabajo, la fiesta o el viaje.

Ahora tienen la posibilidad de buscar y explorar el perfil de alguien que conocieron de manera casual, contactar con parejas potenciales a partir de que la foto del perfil les parece atractiva, o buscar a un amigo o conocido del pasado para intentar reiniciar una relación, entre muchas otras posibilidades.

Internet, y en especial las redes sociales, han ampliado las posibilidades de encontrar el amor con bajos costos. De hecho, según los relatos de nuestros entrevistados, una práctica común es revisar el perfil de la chica o el chico para conocer más detalles de su personalidad, de sus gustos o de su pasado. Esto implica buscar el historial de fotos, comentarios, los amigos que tiene agregados, entre otras cosas. Esta práctica puede ser una fuente de conflictos. “Sí, mi última novia empezó así. Yo vi una foto de ella en Facebook, la comenté porque tenemos un amigo en común, quien de hecho es mi primo. Entonces yo le comenté algo a mi primo y ella vio mi comentario y me agregó. Y ya empezamos a platicar y salimos y eso sí se desarrolló a una relación más seria”, cuenta Daniel Gallardo de 25 años.

Pero para quienes ya tienen una relación establecida el fácil acceso a conversaciones con otras personas puede ser un riesgo potencial.

Muchos o muchas optan por publicar la situación sentimental en la categoría de “estar en una relación” o “comprometido”, se considera un anuncio público de la pareja ante los amigos, los familiares y conocidos.

Se trata de un reconocimiento público que busca la aprobación de los otros significativos que en ese momento ocupan la posición de audiencias ante los contenidos publicados y expresan o no su aprobación con un like10 o con un comentario explícito.

Pero también funciona como un anuncio que exhibe la propiedad sobre la pareja, que pretende limitar las amenazas de otros y otras. Así, parece operar tanto en el sentido de buscar la aceptación social, como de marcar el territorio propio para ahuyentar a otros prospectos.

Pero siempre hay riesgos…

Divorcios se multiplican
Como expresa el dicho popular “no todo es color de rosa”, los celos se han potenciado con las nuevas tecnologías. Recientes investigaciones han pretendido relacionar el aumento del porcentaje de divorcios con el uso de las conocidas redes sociales, pues es una realidad que éstas brindan mayores probabilidades de contactar antiguas parejas o aventurarse en nuevas relaciones. Incluso existen ciertos informes que atribuyen al uso del móvil un porcentaje determinado en la ruptura de vínculos amorosos.

Por otro lado, estas redes pueden ser usadas por individuos controladores y celosos para acechar a sus compañeros sentimentales en busca de supuestas infidelidades. Pero el hecho de valerse de estos medios para conseguir relaciones extra matrimoniales no encuentra su única razón en las redes sociales mismas, sino en otros factores, no tan simples de analizar a simple vista. “Asimismo, la utilización de estas herramientas tecnológicas para hostigar a alguien no se debe a la existencia de las redes sociales, sino, probablemente, a la inseguridad de algunos usuarios”, afirma la psicóloga Viviana Gómez.

La nueva prueba de amor
Un tema especialmente revelador del efecto que tienen las nuevas tecnologías en las relaciones de pareja es la práctica de compartir la contraseña o negarse a ello. Tal asunto concentra un profundo significado respecto de la confianza entre ellos o en un sentido inverso, al respeto al espacio personal ajeno a la pareja. Otorgar la contraseña de sus redes sociales o de su celular a la pareja constituye una nueva prueba de amor que algunos jóvenes se exigen entre sí como muestra de confianza absoluta, prueba que unos rechazan y otros aceptan.

Para algunos jóvenes el pedir la contraseña a la pareja es algo inaceptable y genera intensos conflictos. Por ejemplo, para Fernando (23 años), quien se la negó a su novia:

No tenía nada que ocultar, simplemente yo le daba tanto de mi tiempo y tanto de mi persona en general que sentía que si le daba mi contraseña de Facebook ya estaba perdiendo toda posesión de mí. Necesitaba sentir como que todavía tenía algo mío, como mi celular también tenía contraseña, también me la pidió y nunca se la di. Y lloraba y me hacía berrinche porque no se la daba y pensaba que la estaba engañando por eso, pero no. Es casi como una necesidad humana tener tu privacidad.

Sin embargo, las peticiones de la contraseña parecen ser más comunes entre las mujeres que entre los hombres; Alan (25 años) por ejemplo, cuenta que, para él, su novia se la pidió:

Pues por control, ¿no? Digo (risas) a mí ya se me olvidó la contraseña de mi novia porque me vale madre (risas), pero generalmente eso de las contraseñas es como para querer tener el control, pero creo que mientras más va madurando tu relación, más dejas ir esas cosas.

Pero también está el caso de que se comparten las contraseñas y a partir de eso se descubren engaños o se obtienen evidencias del mismo. Jesús (19 años) cuenta:

Cometimos el error de darnos las contraseñas de Facebook. Y ella cometió el error de nunca cambiarla (risas). Y poquito más tonto yo porque se me ocurrió meterme para quitarme de dudas, y sí, efectivamente, andaba con otro.

Cuando se comparte la contraseña, es posible que los jóvenes realicen actos de intrusión al grado en que la pareja se asigna el derecho de borrar fotos, contactos o todo aquello que desde su perspectiva no sea deseable, sin consultar al dueño o dueña del perfil, en algunos casos, desencadenando un conflicto o ruptura, pero en otras, con aceptación o concesión obligada.

Más aún, la obtención de la contraseña se vuelve el inicio de una cadena de reclamos por los registros textuales o gráficos acumulados. Contrariamente a lo que se pudiera pensar, el control puede tratar de imponerlo tanto las chicas como los chicos. La narración de Pedro (23 años) es ilustrativa al respecto:

¿Y alguna vez se llegaron a pedir las contraseñas de Facebook?

—“Sí, por ahí empezaron los problemas mayores. Bueno, sí ya había problemas de ella de celos, celos hasta que no son... normales. Nos dimos la contraseña, yo nunca revisé su Facebook, o sea nunca me metí a ver; entonces un día me habla y me dice: `Oye estoy viendo tu Facebook y tú tienes pláticas de seis meses antes de andar conmigo donde te estás ligando a una chava´. Y le dije: `Pues sí, sí lo hice, pero fue muchísimo antes´. Y empezó a pelearme, a decirme, se armó un pleito horrible, entonces yo de la desesperación me metí a su Facebook y le dije: Bueno, tú tienes pláticas con tu exnovio”.

En este caso los constantes conflictos que emergen con la pareja por malentendidos alrededor de Facebook denotan fuertes intentos de control.

“Para salvar las relaciones”

¿Pero cómo evitar que la relación de pareja corra peligro sin dejar el Internet y todos sus aspectos positivos? El País en consultó a la psicóloga Viviana Gómez.

Gómez explicó que, en primer lugar, hay que tener en cuenta que, si la relación es honesta y sincera, las redes sociales no representarán ningún peligro. Si bien un 95% de usuarios reconocen haber buscado un ex o una ex, esto no pasará a ser simplemente una curiosidad eso, si es que están bien definidos los pilares de su relación actual.

No hay que olvidar que la web 2.0 está integrada en nuestras vidas de tal forma que uno puede saber lo que hacen casi todas las personas de nuestro universo social, pero, de la misma manera es imposible mantener un control absoluto de las conversaciones y mensajes que intercambie nuestra pareja con sus contactos.

Muchas parejas adolescentes hacen votos de confianza al intercambiar las respectivas contraseñas, pero está comprobado que esto sólo lleva a incrementar la curiosidad y vigilar al otro más que antes. Pronto se interpreta mal un mensaje y aparecen las fricciones.

“La mejor manera de superar la paranoia o el peligro potencial que representa la promiscuidad social de Facebook y Twitter y otras redes es haciendo énfasis en actividades con la pareja y buscar afinidades en común para acercarse al otro, como: actividades al aire libre, salidas al cine, el cuidado de una mascota, los deportes, etc.”, dice la experta.


Agrega que una pareja que mantenga su vínculo sanamente consolidado y fortalecido por afinidades, atenciones mutuas, entendimiento y por sobre todo sinceridad, tiene muy pocas posibilidades de que su relación se vea contaminada por la tentación de mentir.